11 de MARZO
Al filo de la madrugada...
trece zarpazos rasgaron las pieles de cientos de ríos que se hbían encaminado rumbo al espanto. Quedaron sólo charcos encarnados rebosantes de metralla. Para ellos ya partió el tren del silencio en un viaje sin retorno.
Miembros esparcidos sin amo zozobraron en el rostro del desierto más cruel.
La mañana se disfrazó de noche en un carnaval sangriento
y el viento actuó como opera el diablo.
LLovió un once de marzo sobre las vías de madrid.
Ciudad urbana que sudó dolor, respiró rabia, lloró carne y se conformó con el espacio en blanco que queda entre la tinta de estos versos.
Los dueños de aquellas zarpas vedaron bocas, alientos, saliva, aromas... y no tienen más destino que el de morir dos veces ahogados en cada uno de los charcos.
Agonizando a cada gemido, a cada alarido, a cada grito. Sucumbiendo de la mano del llanto.
Pueden taponar las bocas de las personas, sellarlas, pero todavía nos queda la voz.
La palabra.
Ahora 192 muertos, velan el cadáver de los vivos.
FRancho Lafuente
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